Se dañó el paraíso

Hubo una infancia de juegos en la calle, de escuelas abiertas, de barrios fraternales y amistades que duraban toda la vida, recuerdo jugar, estudiar, trabajar, incluso protestar en ciudades, que después de todo te cuidaban entre comunes.

“Jodidos pero alegres” era la expresión que nos definía, hoy la realidad ha cambiado un poco, “Jodidos y cautelosos o asustados”.

Hoy dormimos y despertamos con crónica roja; la violencia, masacres y sicariato que parecía una realidad lejana, hoy está en gasolineras, bancos, heladerías, una realidad tan cercana e inmutable. Se intenta combatir la inseguridad con estados de excepción continuos, pero al contrario de la tranquilidad que pretenden generar, militarizar las calles, ver patrullas y controles en cada vía generan una percepción de inseguridad constante. Pareciera que el peligro y el terror es tan inminente que necesitamos a tanques y fusiles en las veredas.

Quienes crecimos en un país sin violencia no nos sentimos seguros viendo a militares patrullando los barrios; al contrario, la aparente sensación de seguridad desaparece cuando éstos se van y el terror pareciera volver.

Algo pasó, y no es todo política, el paraíso que habitamos hoy está en riesgo y las posibilidades de cambiar esta realidad parece cada vez más distante. Los problemas sociales inmediatos son la Seguridad, la Salud y el Empleo, pero parece que ahora reposan en un diván de Carondelet; en su lugar la discusión importante para el gobierno está en la venta de Bancos Públicos para desnutrición infantil y el replanteo de la deuda con el FMI.

Hoy la gente se siente amenazada en las calles y en sus casas, y solo nos queda no estar en el lugar y el momento equivocado o convertirnos en una estadística más.

Jorge Ochoa Astudillo

socjorgeochoaa@gmail.com