En las décadas de los 60-70, cuando estuve en la primaria y secundaria, recuerdo un fenómeno extraordinario que ocurrió en mi vida y en las de mis compañeros. Nuestros padres y profesores nos inculcaban orden, respeto, disciplina, bondad, obediencia, solidaridad y amor.
Me explicaré.
Nos enseñaban a organizar, estructurar y restructurar el tiempo y el espacio. Nos aleccionaban a respetar a la autoridad, al profesor, a los pares, a los abuelos, a los hermanos, a las personas mayores, a las mujeres, al medio ambiente y a todo en general.
Fue una época de oro. Les guste o no a ciertas personas de la mal llamada “modernidad” … Pero es la verdad. Fue una generación inconfundible, exclusiva y llena de apoteosis y eunoia. Y un montón de grandes resultados que han dejado huelas imborrables en la sociedad ecuatoriana.
Aquí se precisa hacerse las siguientes interrogantes: ¿Por qué razón no se retoman estas prácticas educativas? ¿Cuál es la razón las autoridades educativas dejaron de impartir contenidos de ética y cívica en los centros educativos?
Sé que no es fácil retomar el tema. Nadie encuentra el camino, sin haberse perdido antes, Si, sí. Lo sé… eso no es fácil, pero todas estas interrogantes por si solas nos llevan a meditar. Aquí hay mucho por lo que hay que luchar. Todos tenemos que tomarnos un tiempo para pensar y considerar esta problemática con atención y detenimiento.
No quiero extenderme más, me falta lo principal: seguir soñando para que el pueble ecuatoriano, empeñado en lograr cambios de rumbo en sus sistemas educativos, sea capa de volver a encontrar el camino perdido.
Eso nada más.
Jaime A. Guzmán R.
jaimeantonio07@hotmail.es