Profetas del pasado

Sobre la historia ecuatoriana cae una lluvia permanente de profetas y de constitucionalistas. Ambas plagas son muy perniciosas, pero de la segunda nos ocuparemos en otra ocasión. Todos los días, en los noticieros, en los periódicos, en las redes, tenemos la dudosa suerte de escuchar a expertos de todo tipo despachando profecías sobre nuestro inmediato porvenir. El tópico recurrente de estos días son las tareas inmediatas que debe emprender el gobierno que se inaugura el próximo 24 de mayo. Nuestros profetas, con visajes diversos y poniendo los ojos en blanco, claman por la reducción del tamaño del Estado y por la necesidad de privatizar todo lo imaginable. Un correcto y bien peinado joven quiteño, economista de altos círculos según es fama, ha pedido que la seguridad social se confíe a las administradoras de fondos de pensión.

Este caballero, como otros profetas de su misma clase, comete un error propio de su oficio, trata de predecir el futuro, pero en realidad mira al pasado. Fue a partir de 1992 que el Ecuador, con la mano dura de Alberto Dahik, y la sonrisa bonachona de Sixto Durán, entró en un período de “modernización” que implicó diversas clases de privatizaciones y que trajo la idea de esas administradoras de fondos calcadas del muy inequitativo modelo chileno. En el 2001 se presentó un proyecto de ley de un sistema mixto de seguridad social que, al final, no fue aprobado.  Resulta claro entonces que nuestros profetas locales no pueden predecir el futuro sino, apenas, cacarear las mismas ideas fracasadas del pasado.

Los países con mayor índice de desarrollo humano, apuestan por una seguridad social solidaria y equitativa, anclada en el ente estatal. En estos temas el viejo egoísmo capitalista debe dar paso a la generosidad ética del siglo XXI.

Carlos García Torres

cegarcia65@gmail.com