Si la forma de pensamiento se restringe a una sola corriente filosófica, incluso, desde lo más elevado de la condición intelectual humana, se podría decir que muchas de las circunstancias que regirían el comportamiento humano, presentarían discrepancias en el orden establecido.
El ser humano por naturaleza es indagador, lo que ha generado corrientes de pensamiento múltiples, es decir, somos diversos intelectual y socialmente hablando.
Aristóteles, establece que un ‘principio’ es la causa y elemento que fundamenta todo aquello que tiene que ver con el orden del ser, del movimiento, de la generación y del conocimiento de algo, es decir, de aquí parte toda concepción e ideología generada.
Por su parte, la ideología, es el conjunto de ideas que determinan el pensamiento del ser humano y de la sociedad, sobre ésta influyen la época, la cultura, las creencias, la política, la historia, etc., marcada por los principios que rigen las distintas formas de observar el mundo.
Los valores, por su parte, tienen una connotación positiva respecto al actuar de los individuos o conglomerados sociales, ya que estos establecen la forma cómo una persona actúa, consigo misma, con la sociedad y con el entorno, aquí se destacan el respeto, la responsabilidad, la justicia, la lealtad y la paz. Consagrados en muchos casos como los principios para lograr un buen vivir, en democracia y entre ciudadanos.
Sin duda, el discurso es eso, conceptos olvidados, por sociedades decadentes; sin principios no hay sociedad, no hay ideología, no hay valores, no hay democracia.
Si una sociedad se fundamenta en principios sólidos, la ideología tiene conciencia social y los valores robustecen estos, la sociedad será prospera y sus ciudadanos hombres de bien; si la misma es carente de principios, la ideología solo es discurso y los valores un párrafo incluido en el discurso.
Pablo Ortiz Muñoz
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