Actualmente estamos viviendo la tercera revolución científica y la cuarta revolución industrial. Por nuestra parte proponemos la primera revolución biomoral, revolución que tiene como centro a la vida y a la moral como un sufijo muy importante para el cambio sustancial de la persona interno y a la vez externo. Esta revolución biomoral supera el estadio individualista o, como dijo el hiperindividualista Max Stirner, «sociedad de egoístas» que vivimos hoy, fundamentada básicamente en la moralidad hegeliana sociologista, en la moralidad kantiana rigorista e individualista, en la ética discursiva que según A. Cortina está situada «entre el utopismo al que llevaría la práctica del terror de la virtud y el pragmatismo que supondría resignarse a la eticidad sustancial o lo dado». Esta revolución biomoral en ciernes, postpandemia, implica cuidar la vida, conservarla, protegerla y exaltarla en todas sus posibilidades (no solo la vida humana, sino además la vida que existe en todo el cosmos). Para lo cual requerimos de todas las personas una «función de higiene pública mental» a través de un pensamiento compasivo. Para esto, nos tiene que doler el prójimo, porque para nosotros quien sufre tiene prioridad. Nos tiene que doler la naturaleza, la Pachamama tan degradada a consecuencia de la ambición del homo sapiens sapiens (¿dos veces «inteligente»?). Para que se de esta alterotopía debemos empezar regalando nuestro tiempo y dinero, empoderar a quienes fueron endebilitados por el poderío de turno, es decir, empoderar a las tres cuartas partes de la humanidad que hoy padecen hambre y empoderar a la naturaleza que nos amenaza ya con un cambio climático. Necesitamos una revolución biomoral que busque el bien de la humanidad entera y de la naturaleza. ¡Todos invitados!
Jorge Benítez Hurtado
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