La dicotomía contemporánea de derecha e izquierda es actualmente, en esencia, una ficción obsoleta utilizada para controlar a la masa desprovista de memoria histórica (puesto que resulta inexacto entender de política sin conocer de revisionismo histórico), cuyas apreciaciones políticas, francamente inexactas, se basan en percepciones emocionales equívocas, alejadas de toda realidad académica y doctrinal, preconcebidas y moldeadas por las estructuras de poder que controlan el monopolio de la desinformación.
En la sociedad actual resulta inexacto hablar de estas categorías; se tiene, en su lugar, una democracia basada en el populismo tercermundista, en su trasfondo controlado por agendas económicas mundiales.
Una mediana cultura permite apreciar lo sintético de estos términos. Primero, remontándose a la Revolución francesa, en donde ser de izquierda o derecha se dio a partir de la ubicación en una parte de la asamblea —como curiosidad, se posicionaba la burguesía en la izquierda—. En Ecuador, el partido de derecha era el conservador, mientras que en la izquierda se posicionaban los partidos socialista, comunista y liberal. Al finiquitarse formalmente la derecha conservadora (que representaba el orden tradicional) como expresión política formal, se reposicionó el tablero, desplazando sorprendentemente a los liberales a lo que hoy se entiende como derecha. Así, reducidos a la retórica de tarima, hoy todos los simulacros políticos sumisamente convergen bajo las agendas globalistas de control.
La democracia populista, despojada de conocimiento, busca administrar la ignorancia; izquierda y derecha se han convertido en etiquetas comerciales que se aprovechan del analfabetismo histórico. Hoy en día, ser rebelde representa pensar más allá de izquierda y derecha.
Rodrigo Monsalves
abogadocriminalista828@gmail.com