Política y moral

Si en política es necesario que quienes van a gobernar deban tener conocimientos mínimos y específicos en todos los campos del saber humano, así como tener iniciativa, destrezas y don de mando en el manejo de la cosa pública, no menos necesario e ineludible es el de tener una moral recta especialmente dirigida hacia el bien común.

Y es en este aspecto de la moral en que existe un vacío o desdén por parte de los candidatos a representaciones populares. Por ejemplo, no es raro que se presente un discurso lleno de ofrecimientos de obras que no tienen ningún estudio previo ni las fuentes de financiamiento para su realización. Y si el candidato llega a tener la dignidad, no podrá llevarla a cabo porque no hay financiamiento o quedará inconclusa o desarticulada del resto de obras interdependientes. Es, realmente, una inmoralidad actuar de esa manera demagógica.

Otro ejemplo muy común: cada nuevo gobernante se lava las manos de sus ineficiencias o abandono de las obras de los gobiernos anteriores argumentando que todo ha estado mal hecho y hay que empezar de nuevo. Así, no es posible establecer políticas de Estado que apunten a metas de corto, mediano y largo plazo.

O se postula que en el gobierno de algún candidato habrá paz, tranquilidad y respeto para las opiniones diversas. Y cuando llega al poder, se persigue indiscriminadamente a todos los que se atreven a pensar diferente y se instituyen mecanismos de coacción y miedo para doblegar cabezas o cortarlas.

Si revisáramos el accionar de todos los gobiernos nacionales y seccionales de los últimos tiempos, veríamos que la mayoría de los reclamos tienen que ver con este aspecto aunque de manera inconsciente se los considere de otro género.

¡Y pensar que esta grave falencia es la que menos se mira en el momento de las elecciones!

Carlos Enrique Correa Jaramillo

cecorrea4@gmail.com