Orden vs. desorden: ¿De qué lado estás?

¡Qué bueno es vivir con orden! pero a veces no es tan simple, si nos atrapó el caos que produce el desorden.

Empecemos ordenando el desorden, que acumuló un montón de cachivaches en la casa, en la oficina, en fin, en todos los lugares por donde transitamos.

Qué tal si empezamos por donde se guarda cantidad de trastos que si le ponemos atención, veremos, que guardamos rimeros de cosas inservibles: tazas sin “oreja”, vasos rotos, ollas sin tapa y tapas sin ollas; mesa que le falta una “pata” y  pata que le falta una mesa; sillas descuajeringadas muebles, ropa, papeles que los pusimos allí, por si acaso algún momento “me doy tiempo para lavarlos, plancharlos, coserlos o descoserlos” y que jamás nos volvimos a acordar dejándolos en espera de nuestra mano hacendosa. Ropa, en espera de que una suerte de moda las ponga nuevamente de moda; botiquín abarrotado de medicamentos caducados… Y una montaña de libros prestados, comprados, regalados, leídos, o que nunca fueron ni serán leídos.

Además del desorden material, hay otras formas de desorden, como el desorden mental que puede tomar la forma de evasión, postergación, o intención de hacer y que nunca se hace.

Si no le ponemos un alto al desorden, nos acompañará toda nuestra vida. “Mañana ordeno mis cosas, mi vida, mis ideas, mis actos; mañana…

Cuando empezamos a ordenar el desorden, los resultados son inmediatos y sorprendentes; nos sentimos mejor, más seguros más livianos…; todo tiene más espacio del que pensábamos y nosotros pensamos que tenemos más energía, más ganas de estar bien, porque ordenándonos es la mejor manera de simplificar y disfrutar la vida.

Zoila Isabel Loyola Román

ziloyola@utpl.edu.ec

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