‘Nos engañan las apariencias del bien’

Pasaron las fiestas, los regalos, algunos excesos en honor al “memento mori” y quedan los momentos felices junto a la familia, amigos y la deuda plástica pagadera a no sé cuantos meses con intereses.

La historia cuenta que los antiguos romanos celebraban en torno al dios saturno (Saturnalia) el solsticio de invierno del 22 al 25 de diciembre donde se entregaban regalos a niños y pobres. Época del año en la que el sol estaba más bajo, los días eran más largos y las plantas producían mejor cosecha.

Según los estudiosos, Jesús nació a finales de septiembre o comienzos de octubre, cuando los pastores y sus ovejas pastaban en el desierto y regresaban con las primeras lluvias de finales de otoño. “En la región había pastores en el campo cuidando sus rebaños durante las vigilas de la noche” (Lucas 2:8), dice el evangelio al relatar el nacimiento de Jesús.

Todo rastro histórico anida en lo espiritual.

El papa Julio 1ro. en el año trescientos cincuenta de nuestra era pidió sustituir la fiesta pagana de la Saturnalia por la celebración del nacimiento del Redentor. En la edad media estos días se convirtieron en fiestas y juerga.

El ritual fue cambiando y lo que celebramos ahora es muy diferente a la mística de las primeras navidades, debido al materialismo vigente y al empuje de la sociedad de consumo.

¿Cuáles navidades celebramos?

La de Jesús en una noche de paz o la fiesta pagana con regalos y placeres, aunque la cuenta de pago nos llegue mañana.

Jaime Vinicio Meneses Aguirre