La política ecuatoriana se encuentra en una encrucijada fascinante tras el pulso entre el presidente Daniel Noboa y la Conaie. El consenso es claro: Noboa «ganó» al sostener la reducción de subsidios, una victoria que le valida ante una parte de la ciudadanía que demanda mano dura y decisiones rápidas. Este fortalecimiento es real, y lo posiciona bien de cara a la próxima consulta popular.
Sin embargo, es precisamente esta situación de ventaja la que me genera la mayor preocupación. El texto nos recuerda que, a pesar de su «triunfo» en el tema del diésel, Noboa ha perdido apoyo en sectores que rechazan su autoritarismo o cuestionan actos de corrupción. Pero lo más inquietante es el principal interrogante que rodea la consulta: ¿Qué modelo de Estado tiene Noboa en la cabeza?
El presidente, con un español poco elegante pero directo, pide ganar primero y hablar de la Constitución después. Esto es, en esencia, pedir un cheque en blanco a la población para convocar una asamblea constituyente sin revelar la hoja de ruta fundamental del país.
Analizando los escenarios, el «perfecto» para Noboa implica un control total del proceso. Pero si la historia nos ha enseñado algo, es que entregar poder sin transparencia previa siempre encierra un gran riesgo. Como ciudadano, me pregunto si la recompensa de un «gobierno de mano dura» justifica el silencio sobre los pesos y contrapesos que definirán nuestra vida institucional.
Creo firmemente que la ciudadanía tiene el derecho, y la obligación, de exigir respuestas sobre la visión constitucional antes de entregar la mayoría necesaria. El riesgo de un cambio profundo, impulsado por una agenda oculta o inmadura, es demasiado alto para dar ese paso a ciegas.
Santiago Paúl Saraguro Jaramillo
santiagosaraguro29@gmail.com
Saludos estimado Santiago….Excelente analisis…y lo que ocurrio esta escrito en su columna digital.