No me gusta la disciplina

Como profesor de Carlita, basquebolista lojana que representó al Ecuador en encuentros internacionales, le pedí en una ocasión en clase que nos conversara sobre las satisfacciones que le había dado la práctica de este deporte.

En el fondo, yo quería lograr que mis estudiantes escuchasen de boca de esta exitosa deportista, los esfuerzos que había tenido que hacer para llegar al sitial en que se encontraba. Luego de relatarnos sobre los diferentes lugares a los que había ido, le hice la pregunta para que contara sobre los esfuerzos indispensables que había hecho en sus entrenamientos.

Nos dijo, entonces, que muchas veces sus amigos la invitaban a bailes o a reuniones, pero que tenía que negarse porque debía entrenar. Ellos le decían que no lo tome tan en serio y que mejor era divertirse de vez en cuando. Pero era decidida y prefería entrenar. Sabía que no debía dejar pasar el tiempo Y resultaba que ahora era invitada a muchas fiestas y agasajos y todos querían ser sus amigos debido a su éxito.

Su relato de vida me sirvió para hablarles sobre la disciplina. Una disciplina no extrínseca, externa, impuesta desde fuera, sino de la disciplina que uno mismo la acepta como medio indispensable para alcanzar  nuestros sueños. Porque un sueño que no pasa de ser sueño, es un sueño perdido.

Les decía, entonces, que si alguien quiere aprender a tocar guitarra, le sangrarán los dedos al inicio. Y que si quiere ser un gran orador, deberá tomar a Demóstenes como ejemplo. Y el que quiera llegar a la cima de una montaña, tendrá que sufrir caídas, rodeos del camino, sudores, lágrimas, llantos. Pero cuando llegue a la cima podrá divisar un paisaje que le hará olvidar todos los sufrimientos por los que pasó.

Las cosas que más nos cuestan son las que más valen. Por ejemplo, la disciplina.

Carlos Enrique Correa Jaramillo

cecorrea4@gmail.com