Nicolay Emanuel Paredes C.

Hoy me he levantado del lado equivocado de la vida, con el pie izquierdo: parecería que todo funciona mal, y que todo y todos están en mi contra.
Ante estas situaciones algunas personas se deprimen, otras se entristecen, se inhiben, se llenan de pensamientos negativos e inútiles; algunas personas echan la culpa a otras, y otras se victimizan ellas mismas o simplemente huyen o se adormecen con lamentaciones quejumbrosas.
Empezamos a lidiar con estos hechos aun cuando somos niños, cuando creemos que el mundo y todo el universo giran a nuestro alrededor. Pero ¿qué sucede cuando las cosas no son como me gustaría que fueran? Lo más común es tener iras, hacer berrinche, frustrarse, deprimirse…
Por eso nos frustrarnos: porque creemos que la vida debe ser siempre placentera, cómoda y fácil; creemos que nos merecemos todo, porque desconocemos los principios de vida que para vivir siempre hay que morir primero. Me refiero a la muerte del “yo”, del ego, que es la muerte del egoísmo, la egolatría y los apegos.
Reconocer que no siempre podemos tener lo que queremos implica saber perder cuando no hay nada que hacer, es decir, ser capaz de elaborar duelos, procesar las pérdidas, los fracasos y aceptar, aunque sea de mala gana, pero muy conscientes de que el universo no gira a nuestro alrededor.
Siempre hay algo o, mejor dicho, siempre hay mucho que nosotros podamos hacer para darle sentido a nuestra vida. Sin duda tenemos el poder de elegir lo mejor. Hoy podemos comenzar a buscar la ruta que nos acerque a nuestros sueños, a nuestros anhelos y esperanzas.
Que no se nos olvide que tenemos una promesa que es siempre fiel y verdadera. Solo hay que reconocerla como nuestra.

Zoila Isabel Loyola Román
ziloyola@utpl.edu.ec

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *