Han pasado 16 días desde que inició el paro nacional convocado por la Conaie; días en los que el Ecuador ha vuelto a estar dividido frente a los actos violentos acontecidos por quienes combaten la desigualdad de sus derechos y quienes no están de acuerdo con la violencia en las calles. Y es que el país, en lugar de encontrar una solución pacífica a los cuestionamientos de parte y parte, ha vuelto a dividirse entre quienes piensan que paralizar un país es la única salida ante la desigualdad y quienes creen que ese tipo de medidas no resuelven absolutamente nada. Unos con banderas del movimiento indígena y otros portando banderas blancas, están dejando de lado la única bandera que debe cobijarnos: la bandera tricolor.
El momento que se vive debería ser un llamado a la conciencia de académicos, políticos, empresarios, líderes sociales e indígenas para elevar la vara del entendimiento y encontrar soluciones concretas, para que los tomadores de decisiones se pongan en los zapatos de la gente humilde, sin oportunidades, trabajadora y valiosa, que fruto de la inseguridad, pandemia, malas decisiones e inflación mundial se ve afectada en su calidad de vida. ¿De qué sirve la reducción del déficit fiscal o macroprogramas del FMI, si persisten problemas, necesidades e ineficiencia en salud, desnutrición, educación, trabajo y vivienda? A muchos no les importa o no entienden qué es el riesgo país o el déficit fiscal. Para ellos lo más importante es que se entienda a los pobres y se dé solución a sus necesidades.
Es el momento en Ecuador para juntarnos y trabajar unidos. Una oportunidad de oro para volvernos a unir y dejar de pensar desde la mezquindad política e intereses personales ¡Hay que aprovecharla!
Andrés Sigcho
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