El equilibrio entre pasión, vocación e innovación es la clave para atender a las necesidades de los estudiantes ecuatorianos. De ahí que antes de arrancar con un proceso de enseñanza – aprendizaje, uno de los instrumentos de gran valía que permitirá determinar objetivamente las características colectivas, individuales, emocionales e intelectuales, constituye el diagnóstico inicial o situacional, desde el cual se debe partir, con un acercamiento hacia los saberes previos de los educandos, para intervenir de manera positiva y efectiva en su desarrollo a través de estrategias innovadoras.
Como plantea Eva Teba Fernández: Quien se atreve enseñar debe aprender siempre al punto de convertirse en un educador reflexivo que supere los retos y desafíos de la innovación educativa como un camino hacia la transformación, superando o afrontando los cambios que están ocurriendo en el paradigma educativo, tanto desde el plano organizacional como desde el plano cognitivo. (Casassus, 2002).
El profesor es el protagonista de la innovación como estrategia educativa, ya que depende de la visión, liderazgo, interacción y creatividad que éste posea, para fomentar los aprendizajes significativos en sus estudiantes. Es así que un profesor innovador no temerá recorrer senderos complejos con tal de cumplir su meta educativa; puesto que un maestro con liderazgo será una persona equilibrada, empática, pertinente al momento de intercambiar ideas; será quien empleará recursos novedosos para aplicar metodologías más activas y participativas en sus clases diarias; será quien se actualice continuamente de forma eficaz; será observador analítico e investigativo, pero sobre todo pensará nuevos métodos y valorará las capacidades de todos sus educandos desde sus diversos estilos de aprendizaje, encauzado hacia la calidad educativa.
Lucía M. Figueroa Robles
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