Es importante que las parejas comprendamos que todo ha cambiado y evolucionado, que ha existido un cambio dialéctico en los constructos sociales y con ello también en las relaciones de convivencia. Hace pocos años, por ejemplo, la mujer tenía roles muy diferentes a los actuales, los derechos hoy son de equidad e igualdad y en ese contexto nos desenvolvemos. Por ello, es importante analizar la necesidad continua de cambio en la relación de pareja y comprender que las dos características que definen una relación sana y feliz son la satisfacción y la estabilidad conjuntamente.
Una relación puede ser intensamente satisfactoria pero fugaz y se puede haber vivido varios años juntos sin haber compartido apenas nada; dicho de otro modo, debemos ser cautos con la rutina, pues esta puede acabar con nuestra relación.
Si queremos que en una relación exista satisfacción y estabilidad es preciso cultivarla, aunque ello implica adaptarse a todo tipo de cambios, buenos no tan buenos, malos y menos malos, pero frecuentes y continuos. Está en cada uno de nosotros que la relación sea un viaje apasionante o una continua zozobra debido a su inestabilidad.
La vida en pareja es algo por lo que luchar vale la pena, un viaje en el que superarse cada día es vital, puesto que no hay definitivamente nada ganado.
La relación debe ser viva y movible, permitiendo a diario la satisfacción de experimentar nuevos estímulos y profundizar los sentimientos. Ningún plan funciona por mucho tiempo en la relación, las necesidades cambian con frecuencia y por tanto hay que adaptarse al igual que las respuestas que brindemos.
En conclusión, recordar que la rigidez y el autoritarismo son enemigos no solo de la adaptación, sino de la comunicación asertiva y proactiva que debe existir en la pareja.
Francisco Herrera Burgos
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