Los medios de comunicación refuerzan los estereotipos sociales, que se construyen de las “ideas” colectivas preconcebidas. De tal forma, que esquematizan y categorizan al sexo masculino sobre el femenino. Ejemplos hay muchos. Los programas de farándula están conducidos por mujeres o bien por personas pertenecientes a la comunidad LGBTI.
Se asocia la farándula al sexo femenino, pues se asume equivocadamente que el cuento, la trama o lo superficial se adscribe a la personalidad de la mujer. Mientras que, los programas deportivos son conducidos por hombres. Se relaciona los deportes grupales y de contacto con el hombre bajo el argumento fuerza y valentía.
A la par, la publicidad es producida en función a esa falsa percepción social de que las tareas del hogar pertenecen a la mujer y las actividades relacionadas a los vehículos, construcción, entre otras, se las vincula al hombre. Lo que no se toma en cuenta, es que los estereotipos suponen -la mayoría de las veces- una aceptación tácita de los receptores, es decir de forma imperceptible nos adueñamos y replicamos esas representaciones.
En conclusión, es peligroso que estos mensajes se normalicen en el imaginario social y es aún más peligroso que no se cuestione su persistencia. Por ello, considero fundamental que las persona reconozcamos el nexo evidente entre medios de comunicación y estereotipos y más allá de ello se cuestione lo que parece tan “real” o “cotidiano”.
Carlos Orellana Jimbo
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