Existen horas y momentos en que los ideales de un pueblo tienen que ser expuestos, reclamados, exigidos, no ahogados por la indiferencia. Sin embargo, para lograr el reconocimiento hay que recurrir al diálogo, palabra tan manoseada pero deseada para llegar a una avenencia, deponiendo actitudes, intereses, cediendo mutuamente, enterrando las hachas de la guerra, sabiendo que con la reflexión crece la valentía y gana la patria. Claro que el diálogo no acepta la razón de la fuerza, sino la fuerza de la razón.
Antes que la violencia termine poniendo al país patas arriba, la mejor respuesta a la crisis que nos afecta al país, que es de carácter estructural y que se expresa en lo político, económico, ético y en su institucionalidad, sería urgente una cruzada nacional para apoyar el dialogo, porque en las confrontaciones, con buenas intenciones, puede haber riqueza interna, diferencia de opiniones, pero escenarios de consenso que ayuden a encontrar un acuerdo de gobernabilidad para asegurar al pueblo ecuatoriano una vida digna y el cumplimiento integral de sus derechos, en paz.
La gente buena del país insiste en el diálogo con los representantes de los sectores sociales y el gobierno nacional, considerando que no solo el presidente Lasso y su apatía son los culpables, estos males son añejos, estructurales, endémicos. Por eso hay que unirnos y escucharnos, siempre que querramos el bien común, la equidad, la justicia y estemos dispuestos a ceder para ganar todos, logrando un acuerdo que garantice las demandas sociales y ahuyente la confesa intención de la desestabilización animada por grupos vandálicos anclados en la protesta.
Hay que confiar en el patriotismo de quienes sentimos al Ecuador nuestro y nos duele lo que está pasando. Hay que confiar en el diálogo en democracia. Diálogo palabra tana manoseada pero deseada porque es la garantía de la paz social.
Adolfo Coronel Illescas