Los patos y el león

En un gran valle vivía una bandada de patos. Eran sabios y trabajadores: sembraban el maíz, cuidaban los ríos y volaban en comunidad, siempre juntos en sus migraciones.

Más allá, en la capital, gobernaba un león. Fuerte y orgulloso, se decía guardián del reino.

Un día, el león anunció:

—Desde mañana, el agua que mueve los molinos costará más, porque así lo dicta el mercado.

El agua de la que hablaba no era otra que el agua que movía los molinos con los que los patos molían el maíz.

Los patos se reunieron. Uno alzó la voz:

—Si nos quitan la fuerza para moler el maíz ¿cómo viviremos?

Entonces, alzaron vuelo hacia la ciudad. Taparon los caminos, cruzaron ríos y montañas, y con sus alas bloquearon el aire. No pedían oro ni tronos, solo que la vida siguiera siendo posible.

El león, molesto, rugió desde su palacio:

—El reino no puede detenerse por unos cuantos graznidos.

Pero los graznidos se volvieron miles, y la plaza entera se llenó de plumas, tambores y cantos. El eco subió a las montañas y bajó hasta los ríos.

El león miró desde su balcón y dudó. ¿Debía escuchar a los patos o mantener su decisión?

El viento llevó la pregunta, y aún nadie ha respondido.

El león siempre tendrá mucha más fuerza que un pato. Pero las aves siempre vuelan en bandada y tienen la vista puesta en el objetivo final.

Victoriano Benigno Suárez Álvarez

victorianobenigno@gmail.com

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