Loja merece una mejor suerte

El canibalismo político, en buena medida, ha determinado que Loja, la otrora ciudad modelo dentro del municipalismo ecuatoriano, hoy esté marginada del desarrollo. Se trata de una capital que ha perdido mucho de esa fuerza dinamizadora que la condujo a su transformación. Atrás quedó ese tiempo en que nuestra urbe fue considerada como un ícono ecológico, con dotación de servicios públicos (agua potable, alcantarillado, etc.), cuidado de los ríos, manejo de residuos sólidos, ordenamiento del tránsito vehicular, mantenimiento de calles y avenidas, crecimiento ordenado de la urbe (con una firme defensa del casco histórico), regulación del espacio público, así como de sus mercados. Y qué decir de la creación de kilómetros de senderos, ciclovías y el cuidado de áreas verdes tan necesarias para el esparcimiento y la práctica deportiva. Hablamos del Plan ‘Loja siglo XXI’.

En esa época, además, se impulsó el turismo local y Loja tuvo siempre una voz fuerte en el ámbito de la discusión de los grandes temas nacionales.

Lamentablemente, todo eso, por efecto de la politiquería e improvisación de algunos administradores de la ciudad y de un cabildo, en general, mediocre hasta la médula, no solo que han provocado el estancado del vecindario, sino que hemos retrocedido –y bastante- en todos los ámbitos que involucra el buen gobierno.

Si bien la crisis económica y sanitaria han incidido en el deterioro de las condiciones del país, lo que se observa hoy en Loja es penoso. Ni siquiera se ha podido concluir el proyecto de regeneración urbana ni dar mantenimiento a calles y avenidas, las cuales están llenas de baches. Muchos sectores han sido convertidos en cantinas públicas en las que se concentra una juventud que no tiene otras opciones para canalizar su desbordante energía.

Loja merece una mejor suerte. Eso nos obliga a actuar responsablemente en el próximo proceso electoral. No podemos equivocarnos…

Giovanni Carrión Cevallos

@giovannicarrion

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