Le atribuiré a mi natal una de las frases más célebres, con la que se identifica a una de las ciudades más importantes del mundo, me refiero a la ciudad de Nueva York, está bien merecida denominación, se pronunció por primera vez en 1912 y se le atribuye al periodista Fort Wayne, quien en alusión a la instalación de la planta de energía eléctrica más grande del mundo de esa época, se colocó en la ciudad con el fin de abastecer a la misma del servicio de energía eléctrica, el cual al observar el esfuerzo y el trabajo desplazado para dicha obra la denominó “la ciudad que nunca duerme”.
Actualmente está visión se ha ampliado, Nueva York es el símbolo del capitalismo, una de las ciudades más prosperas del mundo, en ella el tiempo es oro, su gente camina aprisa, no porque todo este lejos, es su filosofía de vida, debido a su alto nivel productivo, que la ubican en el “top ten” como la ciudad más eficiente del planeta en todo sentido, la rentabilidad para los Neoyorkinos es parte de su desarrollo y bienestar económico, ejemplo de ello, es su diversidad étnica (acoge a gente de todo el mundo), su alta demanda migratoria o contar con algunas de las mejores universidades del mundo.
¿Pero por qué Loja?, por el contraste, Loja, la ciudad que nunca duerme, por la incapacidad de sus autoridades y la ineficiencia de sus instituciones. Loja, la ciudad en la que la gente luchadora madruga, se afana por seguir adelante y genera emprendimiento, a pesar de vivir asediada y perseguida, por instituciones inquisidoras y políticos truchos, que lo único que hacen es honrar a su clan y a una pipona burocracia, puesta a dedo, a media noche o de madrugada; Loja, la ciudad que nunca duerme.
Pablo Ortiz Muñoz
acuapablo1@hotmail.com