Lo antiguo frente a lo moderno

Vivimos tiempos particularmente complejos en el entramado político y social mundial. Muchas pistas apresuradas -de muchos apresurados- llevan a creer que los grandes sistemas de pensamiento han sido vencidos por la celeridad de los tiempos actuales, y que, todo el viejo mundo, con sus viejas ideas, con sus formas clásicas, debe desaparecer del imaginario porque se convierte en una tentación en forma de sombra sobre la cual se puede volver.

Al respecto, la literatura está llena de estas muestras donde quieren terminar de sepultar lo viejo para darle nacimiento a una nueva forma redentora, que ponga fin de una vez y para siempre todo el bagaje que nos ha traído hasta donde estamos. Brecht, por cierto, decía que las crisis se dan y se mantienen cuando lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no termina de nacer. Quizá, es una perpetua circularidad.

Una de las muestras mejor logradas en la literatura es la que se grafica con las abejas y las arañas. Las unas, representantes de lo clásico, y las segundas, imágenes de lo moderno. El conflicto se da por una porción de tierra en el Monte Parnaso. A este entuerto se lo conoció como Querella. Los antiguos defendían su posición y argüían que el tiempo y sus méritos eran garantía de su superioridad. Los modernos, en cambio, se defendían diciendo que sus conocimientos demuestran ser más avanzados, y que, por tanto, ellos habían llegado a la madurez de la existencia histórica.

El conflicto de las abejas que se nutren toda su vida de las flores, y las arañas que tejen sus telas desde su propio cuerpo, resume la importancia fundamental del conflicto, de la contradicción, de la disputa, y del debate de las ideas.

Pablo Vivanco Ordoñez

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