El cargo de vicepresidente de la República se fue desnaturalizando conforme cambiamos nuestra Constitución, además los partidos políticos han restado importancia a esta institución del Estado, pues lo han dejado como simple requisito que adorna la papeleta electoral. En el ejercicio del cargo, quien ejerce la vicepresidencia es un turista que genera más gasto que beneficio para el país, pues el hecho de no tener funciones o realizar alguna que le delegue el presidente, convierte a esta persona en un “pipón dorado” a coste del dinero de los ecuatorianos.
En el caso de la Vicepresidenta Abad, ya en campaña tenía el destino marcado, pues por voluntad propia se apartó del plan de campaña diseñado por la alianza que auspiciaba al binomio presidencial y trazó su propia agenda, su propia propuesta -en algunos casos- en clara contradicción con lo que ofrecía o manifestaba el candidato a presidente, ocasionando así grandes fricciones entre los dirigentes y el actual mandatario. La delegación de “Embajadora de la Paz” en el conflicto entre Israel y Palestina, fue una clara muestra de su poca o nula participación en el desempeño del gobierno de Noboa.
El proceso penal incoado en contra de su hijo por presunto tráfico de influencia puede ser una oportunidad para presionar su renuncia al cargo, pero muy lejos está la posibilidad de una destitución a manos de la Asamblea. La Constitución señala con claridad las causales para dicha destitución: a) concusión, peculado, cohecho y enriquecimiento ilícito; 2) Delitos contra la seguridad del Estado; y 3) Delitos de lesa humanidad. Forzar a una renuncia por la imputación de un delito que puede haber cometido su hijo, es una valoración débil que no tiene sustento alguno.
Incluso en el supuesto que no se le conceda licencia para acompañar a su hijo y ella decida venir por la calamidad doméstica descrita, no significa abandono del cargo y causal de remoción, pues la Vicepresidenta no está sujeta a un sumario administrativo como funcionaria pública. Es verdad que la Asamblea -con los votos- puede violentar la constitución y destituirla si tiene el aval de la Corte Constitucional, pero este sería un acto colusorio más en contra de la institucionalidad del Ecuador; para que no prospere les deseamos: …buen viento …y buena mar.
Lenin Paladines Salvador
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