Ecuador vive la recta final de una de las campañas electorales más cruciales de los últimos años. En medio de un escenario político polarizado, marcado por tensiones y acusaciones, se hace imprescindible reflexionar sobre el rumbo que debemos tomar como sociedad para fortalecer nuestra democracia. Este es un momento decisivo para priorizar la información, las propuestas y el respeto a las normas electorales.
En una época donde el ruido mediático parece opacar los debates de fondo, los ciudadanos tenemos la responsabilidad de informarnos más allá de las consignas y los enfrentamientos personales entre candidatos. Es necesario exigir claridad en las propuestas, evaluar su viabilidad y reflexionar sobre las implicaciones de cada plan de gobierno. El futuro del país no puede depender de discursos vacíos ni promesas irrealizables.
Asimismo, el rol del Consejo Nacional Electoral (CNE) es crucial. No basta con ser un observador pasivo de la contienda electoral; es necesario actuar con firmeza para garantizar que las reglas se respeten. La equidad en el acceso a los medios, el control del gasto electoral y la sanción de las irregularidades deben ser prioridades en esta etapa decisiva. La transparencia y la confianza en el proceso electoral son pilares fundamentales de nuestra democracia.
Estamos en un momento que exige madurez política y responsabilidad ciudadana. De nosotros depende que las elecciones sean un ejercicio democrático auténtico, donde las propuestas primen sobre los enfrentamientos, y las normas sean respetadas por todos los actores. El Ecuador necesita soluciones, no divisiones, y el primer paso es exigir un proceso electoral a la altura de los desafíos que enfrentamos como nación.
Daniel González Pérez
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