De cara a la época de las pantallas, los ordenadores y la inteligencia artificial, debemos insistir, fervientemente, en la necesidad de la lectura, que debe ser asumida como un ejercicio liberador, de pleno disfrute, con base en la voluntad del individuo y como “una iluminación moral”, en palabras de Elizabeth Hardwick. Y si insistimos es porque constituye un ejercicio vital e integral, como pocos, que nos permite a los seres humanos evolucionar a nivel cognitivo, cognoscitivo, humano y social.
No solo que nos predispone a interpretar el mundo de una manera más amplia, sino que enriquece lo que somos y lo que podemos decir u ofrecer al conglomerado social, pues cada vez que profundizamos e interiorizamos el contenido de un libro, abandonamos viejos ropajes para escalar hacia el conocimiento y fortalecer nuestra capacidad analítica, crítica, hermenéutica, expresiva y creativa, además de obtener otras ventajas atribuibles solamente a la lectura.
De tal forma que el acto y la necesidad irreemplazable de la lectura–cada vez más rezagada hoy en día– concierne a todos los individuos, sin excepción. Es decir que no solo está destinada, como suele pensarse erróneamente, a los intelectuales, maestros, abogados, escritores o, en general, a quienes hemos optado por las humanidades. De ninguna manera. Todos los seres humanos, indistintamente de nuestra profesión u oficio, debemos abocarnos a ella como un niño lo hace a los brazos de la madre amada. Se trata, por cuanto, de una experiencia universal y universalizadora al mismo tiempo.
Y si acaso nuestra experiencia temprana como lectores fue aburrida o impuesta sin criterio, es momento de intentar una nueva aproximación a los libros, a sabiendas de que, además de brindarnos placer, nos harán sentipensantes y libres, inclusive mejores seres humanos. Nunca es tarde para retomar o comenzar de cero. Lo importante es que estemos dispuestos para ejercerla no solo como un deber, sino como un derecho. No como una obligación, sino como una aventura. No solo por y para ser mejores, sino para que nuestra sociedad, en su conjunto, proyecte la inteligencia meridiana que tanta falta nos hace.
José Luis Íñiguez G.
joseluisigloja@hotmail.com