La jubilación forzosa

El último fin de semana que me encontraba adquiriendo algunos alimentos para el sustento de mi hogar, un amigo, me narró con lujo de detalles el drama de su jubilación. Mi conocido- un gran trabajador-, cuenta que cuando se encontraba trabajando con el entusiasmo, pasión y responsabilidad de siempre, recibió un oficio del Director de Talento Humano de la empresa a la que prestaba sus servicios, a través de la cual –pese a su decisión de alargamiento de su vida laboral- le obligaban a jubilarse, aduciendo que ha cumplido con las condiciones para dicho acto.

Se han dicho tantas cosas en torno a este tipo de jubilación forzosa u obligatoria que ya nadie sabe a qué atenerse. Yo lo único que puedo exponer que una persona no puede ser obligada a renunciar a lo que tanto ama, porque dejar el trabajo es cometer una infidelidad, es renunciar al compañero de siempre, sería un viudedad aceptada y perpetuada por uno mismo. Por eso- pienso- que de una u otra forma la actividad profesional debe acabar cuando termine nuestra vida.

Todos los gobernantes, no se diga los legisladores tienen la obligación de legislar normas que sancionen este tipo de actitudes, ya que la jubilación es un derecho totalmente voluntario, sujeto al deseo del propio trabajador; y, por tanto, una persona no puede ser obligado a jubilarse, si este desea mantenerse activo.

Jaime A. Guzmán R.

jaimeantonio07@hotmail.es

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