Cuando somos padres nuestras prioridades cambian y con las prioridades vienen las responsabilidades, una de ellas es que nuestros hijos e hijas crezcan en un ambiente sano, que les proporcione estabilidad, bienestar y seguridad… y para lograr esto es indispensable que cada uno de nosotros este bien por dentro y fuera.
Educar no solo es desarrollar las facultades intelectuales y morales de nuestros hijos e hijas es también transmitir, encaminar, mostrar y enseñar lo que consideramos importante para la vida. Cómo padres es nuestro deber procurar su bienestar; no basta con alimentarlos, vestirlos, o enviarlos al cole a que aprendan, es fundamental su desarrollo emocional.
Varias veces escuche decir que los hijos son el reflejo de sus padres y es por esto que debemos enfocarnos en ser los mejores, la mejor mamá y el mejor papá; saber y entender que muchas veces no son indispensables las cosas materiales sino el tiempo de calidad que compartimos en familia, los valores y enseñanzas que les transmitimos para que en un futuro sean personas emocionalmente estables.
Tal vez, muchos de nosotros paso por una infancia complicada, difícil… con actitudes, situaciones y ausencias que no justificamos o peor aún que no entendemos, sin embargo, ahora que tenemos nuestros hijos e hijas probablemente entendamos mucho de “el por qué”, es entonces dónde creo que lo importante es salir de ese círculo y empezar con nuestra historia, una historia sana, feliz y estable.
La llegada de una vida nueva a nuestro hogar, es una buena oportunidad para ser mejores personas, para aprender el día a día, para perdonar y soltar las cosas que en determinado momento nos lastimaron. Ustedes dirán que es fácil decirlo, pues no, no es fácil… sin embargo, es un camino que empieza con una decisión y esta decisión debe ser motivada por el amor que provocan estos pequeñitos que rodean y merodean nuestra vida, nuestros hijos e hijas.
Judith Vivar Molina
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