Los debates son espacios que permiten a los ciudadanos el conocer con una más cercana dimensión a sus candidatos, su forma de analizar, pensar, reflexionar y sobre todo que propuestas tienen para solucionar los grandes problemas de su cantón o provincia.
Es importante rescatar el debate que ha llevado el Consejo Nacional Electoral (CNE), en el que los candidatos tuvieron la obligación de participar, puesto que en estas esferas se puede apreciar las capacidades y limitaciones de un posible dignatario. Sin embargo, existe la necesidad de mejorar estos espacios, ya que su formato debe estar diseñado con énfasis en que cada uno de los candidatos puedan proponer, defender ideas y de igual manera que se permita interpelar cuando un candidato evada contestar, ya que la necesidad imperante es tener personas que hablen con la verdad y que posibiliten que la ciudadanía se forme una real idea de lo que puede suceder si algunos de ellos logran conseguir la confianza ciudadana.
El CNE debe estar consiente que la responsabilidad no es exclusivamente de un servidor electoral que cumple disposiciones superiores, los errores son de fondo y de índole directivo, puesto que, en los debates de autoridades seccionales, son las propias provincias las que deben definir su modelo a seguir, ya que los territorios no son homogéneos y no se pueden generar formatos estandarizados desde Quito para todo el país, a lo mejor se podría justificar para dignidades de jurisdicción nacional. Es necesario priorizar estos escenarios de reflexión, pero también es imperante aprender de los errores y con humildad ir tomando correctivos, para de esa manera no caer en delirios de persecución o de boicot, para responsabilizar o acosar a servidores electorales que lo único que hacen es cumplir con su función pública, e incluso deben tener mucho cuidado de caer en el síndrome de “hubris” que se ve muy frecuentemente en ciertas autoridades que creen ser eternas.
Daniel González Pérez
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