En algunas personas la deslealtad, la falsedad y la hipocresía son como el pan nuestro de cada día: me sirves, te uso y lo haré mientras me convengas o te necesite. Luego, decido que ya no me sirves y hasta me estorbas, entonces te traiciono. Eso sí, cuando te vuelva a necesitar te busco y hasta te pido un perdón que no siento… Así es el actuar del zalamero, el cual repetirá tantas veces como convenga a sus intereses. Esos seres humanos, porque han elegido no desarrollarse al nivel de personas, tienen comportamientos a los que hay que estar muy atentos para reconocerles y no caer en sus embustes. Estar cerca de alguien así genera mucha intranquilidad. Esos seres que utilizan la hipocresía como uso y costumbre son enfermos del espíritu y de las emociones, lastimados del alma que han encontrado en ese comportamiento un medio para sobrevivir de alguna herida no sanada y que aún le provoca dolor y sufrimiento. Son seres tan carentes de amor que a gritos desesperados piden ser aceptados y amados, por eso lo ideal es tratarles como tratarías a cualquier enfermo, con caridad y misericordia. Aquí hay algo muy importante, si tu capacidad humana no te da para tolerar el estar cerca a ese ser al que tú ya de antemano tienes por seguro que es hipócrita y te puede acarrear algún mal, tienes todo el derecho de mantenerte a la distancia o con sus reservas. Hay que reconocer que no hay máscara que dure por mucho tiempo y éstas eventualmente se caen.
Marco A. González N.
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