La confianza como epicentro de una victoria electoral

El escenario preelectoral ha configurado entre los aspirantes políticos una acelerada pugna por agradar al electorado, por ganar su confianza. El votante trata de digerir esas acciones, analizando si el postulante es digno de su confianza. En este sentido, se puede hacer varias reflexiones.

Empezaremos por la confianza. “La confianza es una relación tripartita que descansa en una valoración individual, respecto de una acción particular, sobre las intenciones de quien habrá de merecerla,” sostiene Russell Hardin.

Por un lado, los actores políticos buscan la confianza de los votantes. Pero, previo a los escenarios electorales, no se mostraban tan empáticos como lo son ahora que, invierten su tiempo, esfuerzo, familia, amigos, por acudir a lugares, eventos o reuniones, donde antes, ni por error se cruzaban.

Por su parte, el votante sonríe y estrecha las manos del postulante político. evaluando la ganancia que puede obtener a futuro de ese momento de empatía. O quizá por la confianza absoluta sobre el postulante, su trayectoria o su nivel de persuasión.

Pero, ¿cómo se construye la confianza? Sencillamente, “confiamos en aquellos cuyas necesidades y motivaciones coinciden con las nuestras.” Por eso es que “la confianza es intrínsecamente relacional” y no una cuestión momentánea. “Las intenciones del depositario de la confianza están basadas en su propio interés”, es decir, confiamos en quienes vemos como iguales. Esta reflexión configura una cuestión de clases, marxistamente hablando. Si no nos vemos como iguales no habrá tal confianza.

Jugar a ser agradable en tiempo electoral no garantiza el triunfo. A menos que, la masa se deje seducir. Pero en política, la victoria se la lleva la espectacularidad de la hipocresía y no la razón. El reto es analizarlo con responsabilidad social.

Jorge Eduardo Reyes

Email: jreyestorres36@gmail.com

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