La crisis carcelaria que atraviesa nuestro país genera zozobra y preocupación, no sólo por las muertes de las personas privadas de libertad o PPL, sino también porque ha quedado expuesto un sistema de rehabilitación social fallido, donde los más sanguinarios asesinos disponen de tres adminículos que les permiten tener dominio intracarcelario: las armas de fuego, acceso a la tecnología y tiempo libre. La declaratoria de estados de excepción soluciona momentáneamente los revuelos carcelarios, la intervención de la fuerza pública logra calmar las aguas e incautar objetos prohibidos; sin embargo, ¿qué hace el Estado para mantener ocupados a las PPL?
Sin bien es cierto, existen algunos talleres en los que sólo un pequeño porcentaje de las PPL participan, es primordial buscar nuevas alternativas; la agricultura podría ser una opción de rehabilitación social efectiva. En otros países existen las cárceles o colonias agrícolas, donde los privados de libertad cultivan la tierra, producen sus propios alimentos sin representar carga al Estado, así el esfuerzo diario y la cercanía con la Pachamama conlleva a que los niveles de agresividad y ansiedad se reduzcan significativamente.
La visión de los administradores de turno ha sido la de implementar más infraestructura carcelaria, más no la de transformar un sistema de rehabilitación social que ha resultado ineficiente por uno autosustentable que promueva en cada PPL una visión de productividad y la posibilidad de una verdadera rehabilitación.
Benjamín Ludeña
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