Las aplicaciones de inteligencia artificial generativa (GenAI) multiplican sus capacidades y disminuyen costos a una velocidad que impresiona a los expertos. Cada actualización trae nuevos recursos y sorprende por la calidad de sus respuestas, y de la mano de ello viene una creciente demanda de educación, pero se encuentran pocas ofertas pertinentes a las realidades locales.
Esta transición se vislumbra radial en razón de las automatizaciones y accesos amplios que cada proveedor se esfuerza en colocar, y porque se conoce de las incidencias de la GenAI en procesos productivos, decisiones políticas y prácticas culturales.
En este escenario, las instituciones educativas avanzan en renovar sus cursos y orientar investigaciones que respondan a las posibilidades, potencialidades y limitaciones de las herramientas de la GenAI. Como en creaciones precedentes, emergen interrogantes relacionadas con el aprovechamiento inmediato para el bienestar local, el incremento y mejora de los servicios o las reducciones de burocracia, entre muchas más.
Se especula que habrá ajustes en las organizaciones, que algunas tareas podrán ser ejecutadas por máquinas en lugar de personas, que se necesitará una formación permanente para gestionar los chatbots y que se dispondrá de más espacio para la creatividad. Es decir, se prevé impactos en los empleos menos cualificados; sin embargo, no se sabe con certeza cómo ocurrirá la reconversión laboral.
Tal vez lo concreto es acercarse a descubrir la forma cómo cada persona puede aprovechar la GenIA para optimizar su desempeño y avanzar hacia especializaciones. Lo descrito no es ficción. La inteligencia artificial reta y divide. Hay empleos que están por cerrarse y otros por inaugurarse. Desde lo próximo, lo comunitario se debe responder a cómo acoger las innovaciones para acrecentar la calidad de vida.
Abel Suing
abelsuing@gmail.com