“El único Estado estable – dijo Aristóteles – es aquel en que todos los ciudadanos son iguales ante la Ley”.
Creo que estas memorables palabras de este gran pensador, porque si todos los ciudadanos fuésemos tratados de igual forma ante la Ley, los problemas yaciesen menores.
Claro está que esto, no se da en nuestro medio. Todos sabemos que no todos recibimos la misma protección y trato de las autoridades y por tanto no gozamos de los mismos derechos, libertades y a oportunidades, por razones de sexo, raza, origen familiar, lengua, religión y opinión política.
Así sucede en la vida, y ello entraña un grave, gravísimo problema que, pese a los dardos emponzoñados de ciertas personas que, desde antaño, se han disparado a sostener que este fenómeno no tiene solución, nosotros tenemos el sueño de que algún momento lo podremos superar.
A menudo se ha dicho que la causa de este fenómeno, es porque las cortes no administran debidamente la justicia o los jueces se venden o algo así por el estilo.
Contra esta corriente, el criterio de que el origen principal de esta problemática es la falta de la existencia de un estado de Derecho en nuestro país (“…condición en las que las personas se encuentran sumidas al imperio de las normas jurídicas, que generales o abstractas, son iguales para todos y que establecen un marco jurídico, es decir limites, al accionar del gobierno por medio de la Constitución…”). Y la prueba es clara, no existe una notoria separación de poderes entre la rama ejecutiva, la legislativa y la judicial.
El principio de igualdad de todas las personas ante la Ley, es un importante punto de partida para toda democracia y un sueño que debe predominar sobre los demás. Quizá algún día lo podemos lograr la NO discriminación. Marchemos juntos. Mientras hay vida hay esperanza. Esperemos que así sea.
Jaime A. Guzmán R.
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