Desde el adagio popular comentan los antaños “Que cuando el río suena piedras trae”, quizá para muchos el significado del mismo sea elocuente, desde una percepción ética, para otros simplemente es un decir.
Resulta sorprendente el nivel de desfachatez en el que han caído las autoridades que ejercen el poder desde los estamentos institucionales, me referiré en exclusiva a cuatro Instituciones muy importantes en el país, los GADP de Pichincha y Guayas, y, los GADM de Quito y Guayaquil.
Aunque parezca insólito, todas estas instituciones se encuentren salpicadas de actos de corrupción y no en cosas simples o focalizadas, en todo nivel y con la incondicional complicidad de la gran mayoría de sus funcionarios.
El tráfico de influencias, los contratos fraudulentos y vinculados, los sobornos, el nepotismo, la mal versación de fondos públicos, etc., son el pan de cada día. Actos que sin duda han obligado a la justicia a tomar las medidas respectivas frente a los responsables.
El problema en el país no es la Ley, es la falta de principios en los personeros que la ejercen, así como, la injerencia de lo económico y político en su aplicación, se podría decir, que la misma está podrida, al extremo de negociar conciencias al mejor postor.
Claro está y como lo establece la misma “Toda persona es inocente, hasta que no se demuestre lo contrario”, lo repito, el problema no es la Ley, es como y quien la ejerce y la interpreta, con el antecedente de cuanto recibe.
Acaso esto es lo que somos los ecuatorianos, aunque no se lo quiera admitir esto es lo que mostramos al mundo y esto es lo que nos identifica, si la corrupción salpica estas dependencias, imaginemos el resto. ¡Hasta cuando permitimos este cinismo!
Pablo Ortiz Muñoz
acuapablo1@hotmail.com