Hacinamiento carcelario

No son mejores jueces, los que llenan las cárceles del País de detenidos, sino aquellos que hacen una análisis mesurado y exhaustivo, de la conducta de los procesados, sometidos a juzgamiento.  No es fácil determinar la “peligrosidad”, de una persona, sino es estudiado su comportamiento, desde la dogmática jurídico penal hasta la Criminología. Al tratarse de un concepto abstracto y complejo, es necesario distinguir la “peligrosidad social”, la “peligrosidad criminal” y la “peligrosidad penitenciaria”. Garofalo en 1878, extraordinario criminólogo de la escuela italiana de corte positivista, fue quien, junto a Lombroso, se refería a la temibilidad de los sujetos y, posteriormente, a la peligrosidad como lo cita en su libro de Criminología, 1885. El autor italiano hacía referencia a una interpretación probabilística del concepto, “capacidad criminal o delincuencial” de una persona, esto es, su propensión a cometer hechos delictivos. Varios autores han propuesto la conceptualización de “peligrosidad” como “capacidad para cometeré conductas antisociales.”  Empero, esta definición es muy general y puede asociarse con lo que habitualmente se denomina “peligrosidad social”, pero vale recordar que no toda conducta antisocial puede ser considerada como delito. Será Ferri, distingue la peligrosidad social y la peligrosidad criminal. La primera entendida como “la mayor o menor probabilidad de que un sujeto cometa un delito”, mientras que la segunda se refiere a “la mayor o menor re-adaptabilidad a la vida social de un sujeto que ya delinquió”. El penalista Antón Oneca en1949, habla de “sujetos que no han cometido delitos, aunque es de temer que lo cometan”. Landecho en1974, define la peligrosidad criminal como la posibilidad de que un sujeto cometa un delito o continúe con su “carrera criminal” y define la peligrosidad social, como aquella que se refiere a la posibilidad de que una persona se convierta en un “parasito social”. (1)

Luis Muñoz Muñoz

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