“La sabiduría vence a la ciencia en amor”, Fernando Rielo Pardal.
Una educación para el amor y desde el amor es tan necesaria para que el ser humano llegue a ser persona. El principio pedagógico esencial es el amor, que es entrega, comunicación, donación plena y definitiva, es encariñarse con lo que hago y con lo que soy, es esa fuerza del corazón que se prodiga generosamente a quien educamos y que nos compromete a tener talante de maestro para amar a quien educamos.
Es diálogo y la búsqueda de la verdad, de la bondad, de la hermosura en cada acción cotidiana y ser capaces de construir en cada persona una armonía entre la forma de pensar y la forma de vivir, es el ideal de una pedagogía del amor, que nos descubre que la puerta para acceder a la educación no se abre desde fuera: su cerradura está dentro, en el corazón de cada estudiante, de cada maestro y la llave es el amor.
Entonces educar es comprender y tolerar, dialogar y llegar a alianzas, para soñar y reír, para enfrentar la adversidad y aprender de las derrotas tanto como de los triunfos, nos debe animar a caminar perseverantes y sin descanso, aprender a ser mejores personas, sensibles para captar lo que sucede a nuestro alrededor, no como simples espectadores sino como hacedores de un mundo comprometido en la búsqueda de lo mejor y al servicio de los otros. Por esto, el amor también es exigencia, compromiso, responsabilidad, rigor, trabajo sistemático, dedicación, esfuerzo, crítica permanente y fraterna.
La pedagogía del amor potencia el cariño, la ternura, el afecto, en fin, la educación del corazón, que es despertador del espíritu, la huella del Creador en nosotros.
Zoila Isabel Loyola Román
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