La búsqueda de mejores oportunidades laborales ha hecho que las cifras migratorias aumenten de manera significativa. Sumando a esto, la pasividad del estado frente a esta problemática y la poca cobertura mediática que tiene agrava la situación a cifras parecidas a las que se tuvo en el periodo del feriado bancario. En la ciudad de Loja esta realidad se comparte, sumándose un elemento propio de la ciudad. Pues esta urbe no se ve como un polo de desarrollo desde hace muchos años, lo que obliga a la fuerza laboral existente a buscar en ciudades cercanas, o bien, a salir del país. Esto no hace más que mantener el estancamiento de la ciudad frente a otras. Sobre todo, desde su análisis demográfico, pues Loja es de las ciudades que aún mantiene modelos de crecimiento familiar parecidos a los de décadas pasadas, pero que no refleja crecimiento significativo.
Entendamos entonces la gravedad de lo expuesto. En su esencia, el crecimiento de una ciudad se determina por muchos factores, uno de los más importantes a considerar deberá ser la población en términos de cantidad. Entre más personas habitan un territorio determinado, se acrecienta el número de viviendas, de necesidades, lo que a la vez se refleja en mayor oferta de servicios y demanda de profesionales. Indirectamente, un aumento del flujo económico del medio e incluso el desarrollo de ideas, proyectos y empresas que puedan nacer desde el intelecto. Todos estos elementos requeridos, se fugan de la ciudad hacia los destinos variados que existen. Es imperante en ese sentido planes moldeados en políticas públicas enfocados en intereses sociales que mitiguen esta necesidad tan normalizada de salir de las ciudades que nos han visto nacer, planes a corto plazo que creen oportunidades laborales, que reconozcan la importancia del intelecto humano, y que sostengan el interés colectivo de salir del subdesarrollo.
Darío Xavier Alejandro Ruiz
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