Loja en bruma, Quito bajo el Lodo, y la costa que en cada aluvión queda sumergida en un invierno cíclico. La naturaleza da toques de fuerza, de vida, demuestra que siempre estará sobre la relativa vigencia humana, y expone que ha estado y estará después de que el hombre transite sobre ella.
Aun así, vivimos desafiando constantemente su autoridad, como aquel mal inquilino que abusa de su hospedador y la bondad que ofrece en este caso su naturaleza y recursos.
Digo esto, porque sobre todo los problemas que vivimos actualmente efectos de la naturaleza y singularmente causados por la humanidad, por lo visto no aprendemos ni corregimos sobre la marcha.
Loja y la región sur del Ecuador tienen una estabilidad y cuasi equilibrio natural, que ha permitido por milenios la reproducían de la vida, desde las alturas del páramo andino hasta la Amazonía y las costas del pacifico. Todo esto gracias a la abundante vida que generan las aguas y vertientes que nacen en la estrella hídrica más grande e importante del sur del país que es Fierro Urco.
Esta zona de recarga hídrica, generadora de vida y productividad, hoy está al filo de la explotación minera, y el efecto inmediato es conocido: impacto ambiental irremediable, perdida de vida silvestre, decrecimiento del desarrollo local y muy probablemente pérdida de vidas humanas;
¿Frente a qué? Pues al desarrollo económico, momentáneo, y ojo no de la zona sino de las economías mineras que tienen residencia fuera de Loja o del país.
Entonces a sabiendas del efecto nocivo inminente ¿Por qué no hacemos nada?, probablemente por el calificativo que señala Pablo Ruiz, Somos un país donde nos asombra todo, pero no se hace nada.
Estamos a tiempo de cambiar esa realidad.
Jorge Ochoa Astudillo
socjorgeochoaa@gmail.com