
Haciendo una prelectura del libro “Falta piola para llegar al cielo”, autoría del destacado escritor lojano Edgar Alberto Castro Aguirre, nos imaginamos dos escenarios: uno el de este mundo terrenal, con sus habitantes agarrados cada quien a una piola, movidos por el vaivén de las circunstancias que nos hacen pecadores y frustran nuestras aspiraciones celestiales y, el otro, el cielo, en donde se confunden todas las delicias espirituales a las que el ser humano, que ha transitado por el camino de Dios, tiene derecho.
En cada uno de los relatos que nos ofrece Edgar, 21 en total, denotando su alta preparación académica en la docencia, lo inicia con una atractiva motivación; para ello utiliza con profusión todas las figuras literarias que tiene a su alcance, sobre todo las lógicas, entre las que se destacan la hipérbole, el símil y la metáfora, hábilmente manejadas que, cuando el lector se da cuenta, ya se encuentra inmerso en el nudo del relato y muy entusiasmado para seguir hasta terminarlo.
Sus cuentos se sustentan en hechos vivenciales, disfrazados con nombres y escenarios reales e imaginarios, algunos con cierta carga de frivolidad, otros sumidos en tristezas y desesperanzas; no faltan aquellos en los que, el lector, de buena gana, dibuja una sonrisa en su rostro, o a veces, siente que la garganta le aprieta cuando el dolor humano se ensaña con los más débiles. En cada relato, Edgar, pone su marca personal con epílogos en los que la sorpresa y otras la lógica, llevan a sus personajes a recibir el castigo por la razón de sus acciones; en varias ocasiones, el pobre marido, debe atenerse a las consecuencias de haber actuado con ingenuidad, creyéndose adalid de las causas nobles siendo víctima de perniciosos engaños que le dejan con sus bolsillos y cuentas bancarias en cero, mientras en casa arde Troya. De cada relato de “Falta piola para llegar al cielo”, el lector, haciendo su lectura analítico-crítica, va a abstraer sus propias enseñanzas y disfrutar de motivadores mensajes. Felicitaciones a Edgar; la verdad que es un libro que vale la pena leerlo.
Darío Granda Astudillo
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