Concluyó la Feria de Loja y aunque empezó en agosto, acorde al decreto del Libertador Simón Bolívar, coincide con el inicio de clases en escuelas y colegios lo que implica potenciales disminuciones de visitas y ventas. Pese a que el evento se renueve y fomente los emprendimientos, las decisiones de política pública que uniforman y aplican conceptos de centralidad quitan identidad a una tradición del sur del Ecuador.
Los “sofismas de composición”, el pensar que las fórmulas de solución a los problemas de una región son válidas para otras regiones sin las correspondientes adaptaciones no es correcto. ¿Cuál es la justificación para imponer un calendario unificado de clases sin comprender los espacios que requiere cada comunidad para honrar su cultura?
Pero quizá lo sorprendente es que con esnobismo se busca agregar a los educandos a costumbres extrañas, de otros países para estar y parecerse a aquellos que se juzga avanzados.
La cultura es el marco proyección de la comunicación, ayuda a ubicar lo común y encontrar los propósitos de convivencia de las personas, si se devalúan las ceremonias y conmemoraciones se da paso a una pobre comunicación, a perder tolerancia y oportunidades de progreso.
Bienvenidos los aportes de los planificadores de la gestión pública que partan de comprender la historia de cada pueblo porque desde esta base se lograrían adelantos firmes al desarrollo sostenible.
En un poco más de un mes los lojanos volverán a vivir otra celebración relacionada con su mayoritaria devoción católica, se esperaría que haya condiciones para fomentar la cultura, no se trata de dar espacios al clero sino de entender la simbiosis que se vive en esta parte de América Latina.
Abel Suing
arsuing@gmail.com