Los ecuatorianos somos campeones mundiales en varias disciplinas deportivas, mérito propio de los deportistas, por si acaso, pero, además, nos llevamos el campeonato mundial en hacer y decir tonteras, mérito de nuestra clase política, ni más faltaba.
Para muestra basta un botón, a partir del año 2007, cuando se refundó el Ecuador, cuando se inventaron las carreteras y cuando los presos eran buenos en las cárceles, el entonces gobierno de las mentes lúcidas consideró que el léxico para tratar a los reos era poco empático, así que en lugar de presos mejor dispuso que les llame personas privadas de la libertad, y en lugar de cárceles mejor las denominaron centros de rehabilitación social.
Además, había que cubrir sus rostros para evitar que alguna de sus víctimas pudiera identificarlos y quisiera hacerles muecas o sacarles la lengua al verlos caminando muy orondos por la calle, de paso, se prohibió a los policías tocarlos y peor aún torcerles los ojos, pues esas actitudes no estaban para nada alineadas a la corriente progresista que caminaba con espada en mano por América Latina, ¿se acuerdan?
Pero ahí no termina la historia, en el 2008 con la nueva constitución y más tarde con el nuevo Código Orgánico Integral Penal COIP, los antes mal llamados “delincuentes”, pasaron a gozar de más derechos que los policías, que usted o que yo mismo y mi persona.
Finalmente, el gobierno consideró necesario resarcir a estos personajes dándoles el estatus de “víctimas” de los malos tratos por parte de los gobiernos de la partidocracia durante la larga noche neoliberal, de hecho, varios delincuentes, terroristas y pandilleros fueron homenajeados e incluso postulados para cargos de elección popular, dónde el noble pueblo ecuatoriano con el poder emancipador de su voto, redimió a los angelitos y los colocó en el pedestal que se merecían.
Si usted no comprendía cómo es que llegamos al estado de decepción que hoy impera, en estas líneas me permití recordarle ciertos detallitos.
Fredy Cueva Castillo
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