Mientras estas líneas se escriben, pasan las horas del primer día de inicio de clases. Mientras estas ideas se conjugan desde una avergonzada comodidad, los protagonistas de los espacios en blanco están caminando de un lado a otro vendiendo dulces, o pidiendo que el común transeúnte les “regale alguito”. Hoy es lunes, el sol no calienta y el frío exaspera; esto, porque miles de cuadernos no están siendo ocupados. Hoy es lunes, y existen más de cincuenta mil espacios en blanco a raíz de la deserción escolar y el notable incremento de trabajo y mendicidad infantil, solo en la región sierra.
Es imperdonable cómo la historia, y la realidad les quita a nuestras infancias la oportunidad de saberse completos, de poder tener las herramientas necesarias para crear un mejor futuro. Uno más digno, uno que les permita a los niños, niñas y adolescentes que desertaron su formación académica cumplir todos y cada uno de sus sueños; y, que estos sean edificados desde la verdadera garantía de sus derechos.
Y es que no se trata de una decisión individual cuando es la precariedad lo que los condujo a tomar tal arbitrio. No se puede reducir o minimizar el debate cuando dependen de su disposición en casa, en la calle o donde sea que fuere para asegurar un plato de comida. No es digno, así como no lo fue cuando como sociedad decidimos que la virtualidad facilitaba el acceso a la educación ignorando a los escolares del sector rural que a duras penas pueden acceder al servicio eléctrico.
Puedo seguir redactando cientos de injusticias sociales que únicamente pagan los más vulnerables; en este caso, los niños y niñas, ellos que obligados a desertar por la inexistencia de garantías ignorarán su verdadera estatura porque no podrán ponerse de pie.
Ma. Verónica Valarezo C.