Si bien la divulgación de noticias débiles o falsas no es de ahora, según los datos históricos sus inicios se remontan a la Grecia del siglo V. Sin embargo, ha sido nuestro tiempo, desde finales de la primera década del siglo XXI, donde mayor énfasis han tenido. En gran parte, se debe a que estamos viviendo una era única en cuanto a la producción de información, donde todo el mundo genera datos. El problema está allí, en que todos somos creadores, unos más que otros, pero estamos construyendo e intercambiando datos, bajo ninguna regla, ni orientación. La única guía es nuestro instinto.
Esa falta de responsabilidad para crear o compartir información sin ninguna verificación, está causando estragos entre los ciudadanos del mundo. La pandemia del Covid-19, ha sido la muestra más evidente. Por todo lado, en redes: pequeñas, medianas o grandes las noticias “weak y fake” se han convertido en otra lucha que debe enfrentar la humanidad.
Si bien ya tenemos vacunas para erradicar la pandemia, y poco a poco crear la inmunidad comunitaria, pero ¿cómo vamos hacer para erradicar la cultura de la desinformación? Si entendemos el daño que causan, deberíamos actuar con propuestas y acciones tanto ciudadanos como Estado. Los ciudadanos siendo más responsables y conscientes del efecto que causa una información débil o falsa y el Estado creando leyes y políticas para controlar.
Hernán Yaguana Romero
hayaguana@utpl.edu.ec