Una de las mayores debilidades que tienen nuestros políticos es la falta de credibilidad. Y es que su discurso, poco consistente y hasta contradictorio, varía al vaivén de las conveniencias e intereses del momento. De esa manera, la palabra termina devaluándose a una velocidad mayor a la que lo hace un bolívar venezolano.
Eso justamente es lo que le sucede al presidente Guillermo Lasso. Una cosa fue escuchar al representante de CREO y otra muy distinta al Primer Mandatario en funciones. Los ejemplos abundan, como lo sucedido –verbigracia- con los impuestos. En la tarima, el candidato presidencial apostaba por el no incremento de los impuestos. En la práctica, y a través de la Ley Orgánica para el Desarrollo Económico, modificó la tabla de impuesto a la renta, colocando un enorme peso a la clase media y más aún en un escenario económico complejo como el que asfixia al país.
Otro ámbito repleto de paradojas es el energético. Una cosa fue escuchar, en la CP26 en Glasgow, al Mandatario Lasso proclamando la necesidad de ir a una ‘…transición ecológica hacia una economía circular, resiliente y baja en emisiones…’ como un mecanismo para luchar contra el cambio climático que amenaza a la propia supervivencia del planeta. No obstante, a renglón seguido, el gobierno ‘del encuentro’ persiste en la intención de duplicar la producción petrolera, así como incrementar la exportación de minerales con las implicaciones que eso tendría al medioambiente; y, últimamente, el inicio de un proceso de licitación de tres proyectos de generación y transmisión eléctrica por USD. 1.861 millones que incluye a una central de generación termoeléctrica a gas.
De ahí que debamos dar valor a la palabra en función de construir una mejor y real |democracia. Es hora de ser auténticos…
Giovanni Carrión Cevallos
@giovannicarrion