Los reclamos mayoritarios en el agro se dan principalmente por los bajos precios de los productos primarios. Los productores nacionales exigen un precio “justo” para sus productos, pero este término “justo”, se presta para varias interpretaciones y no siempre llena las expectativas de las partes, es decir, el precio “justo” para quien vende, quizá no es necesariamente “justo” para quien compra y viceversa.
Los precios implican un acuerdo, un trato entre las partes, de ahí que la intervención gubernamental, a través de los precios de sustentación para los alimentos, solo quedan en la buena intención, pues la realidad de los mercados es totalmente diferente.
Siglos atrás, las producciones de granos en el mundo eran bajas, lo cual determinaba que el grano siempre tenía ´precios altos, de hecho, quienes controlaban los granos tenían autoridad sobre los alimentos y eran quienes ostentaban el poder, dando inicio a más de 4 mil años de control de precios, incluso hay un libro que así se titula.
Antiguamente el estado regulaba los precios de los granos para asegurar alimentos baratos a sus ciudadanos, lo que ocasionó que muchos agricultores huyeran abandonando los campos, ya que la rigidez de los precios, los asfixiaban, incluso la historia registra la existencia de la pena de muerte para los primeros burócratas encargados del seguimiento de las cosechas cuando estos no lograban controlar los precios del grano.
Ni la imposición, ni la fuerza, ni incluso la pena de muerte pudieron controlar los precios de los productos agrícolas a través de la historia, difícilmente la actual idea de imponer precios de sustentación lo logren, sobre todo si consideramos que hoy en día los volúmenes de granos y otros alimentos superan la demanda interna.
Es por esto que la idea del precio “justo” visto solo desde el lado del que vende traerá consigo una distorsión del mercado, los compradores disminuirán y harán que los precios vuelvan a bajar.
Fredy Cueva Castillo
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