El poder del mito

Benjamín Carrión en “El Cuento de la Patria” recuerda la necesidad humana de mitos, de historias que den sentido a su pasado y a su realidad presente. Reivindica en ese texto la poderosa imaginación del Padre Juan de Velasco que creó un origen mitológico de la nación ecuatoriana y postula, a su vez, su propia interpretación de nuestra historia y de nuestros héroes. Carrión sabía apreciar el inmenso poder que tienen las leyendas en el destino de los pueblos, así como la necesidad imperiosa de ficciones compartidas. Cuando creemos en los mismos mitos históricos podemos comunicarnos mejor y podemos pensar futuros comunes. La idea misma de la nación griega, por ejemplo, surgió de las invenciones de Homero. Una guerra devastadora tuvo su origen en visiones extraviadas basadas en antiguas fábulas germánicas. Aún hoy los diversos nacionalismos que plagan todos los continentes, con su correspondiente carga legendaria, dan origen a numerosas confrontaciones políticas y bélicas.

Así que los mitos pueden construir, pueden aletargar o incluso pueden destruir. En las sociedades del siglo XIX fueron las artes sus portadoras. En el siglo XX se impusieron los medios masivos y sobre todo el cine y la televisión como vehículos   de la reconstrucción mitológica. En la actualidad se destacan las diversas formas de uso de internet con preponderancia de las aplicaciones de “streaming”. Todos estos medios, con su inmenso bagaje tecnológico, siguen necesitando historias que contar. Estas historias difunden unas formas determinadas de ver el mundo y la vida. Por eso nuestro país necesita con urgencia buenos fabuladores, gentes con la imaginación de nuestros grandes novelistas. Las quimeras de otras culturas son necesarias, pero no pueden ser la fuente única de nuestras visiones del porvenir.

Carlos García Torres

cegarcia65@gmail.com

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