El legado de una madre

El amor más sincero e infinito que puede existir, es el de la primera figura que se dibuja en nuestras retinas, cuando logramos distinguir una mirada angelical, y nos atrevemos a llamarla mamá. Y es que a pesar de las circunstancias que puedan girar a nuestro alrededor, nuestra madre siempre estará ahí, con una frase de apoyo y motivación, porque pase lo que pase, el amor de una madre es incondicional.

En este mes que honramos el importante legado de nuestra madre, es el momento propicio para expresar nuestro amor, nuestra gratitud al ser que nos ha dado la vida, que nos ha brindado todo su amor y protección, a la mujer que nos ha sabido educar, inculcar valores, y que en ocasiones ha necesitado sacrificar muchas cosas por el bienestar de sus hijos. No cabe duda que sus abrazos y besos se han convertido en el mejor aliciente a nuestros desvelos o preocupaciones. Y aunque posea o no posea un título universitario, su labor va más allá que cualquier profesión, maestría o doctorado.  

Como decía la Madre Teresa de Calcuta: “Enseñarás a volar, pero no volarán tu vuelo. Enseñarás a soñar, pero no soñarán tu sueño. Enseñarás a vivir, pero no vivirán tu vida. Sin embargo…En cada vuelo, en cada vida, en cada sueño, perdurará siempre la huella del camino enseñado”. El amor de Dios se refleja en el amor de una madre, que entrega lo más puro de su corazón por el bienestar de su hogar, pero sobre todo por sus hijos. A través de estas breves palabras, reciban un especial saludo, todas las madres y mujeres que han marcado caminos, porque “no es madre la que engendra, sino la que cría”. Y aunque no se puede expresar en un solo día, todo ese afecto, reciban mi aplauso, por esa inquebrantable labor, por ese legado emocional que conforta nuestra vida, por su paciencia y en definitiva por ser nuestros ángeles guardianes. 

Lucía Margarita Figueroa Robles

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