El discurso político

Que a menos de dos meses para la realización de las elecciones presidenciales en Ecuador no se cuente aún con la papeleta definitiva de candidatos que constituye el abanico de opciones sobre las que el pueblo deberá pronunciarse -en las urnas y en secreto- el próximo 7 de febrero, evidencia, lamentablemente, que vivimos tiempos bastante tormentosos y que, además, siembra interrogantes sobre un proceso que para ser etiquetado formalmente como democrático, debe ofrecer de manera nítida condiciones para el cumplimiento adecuado de elecciones libres, transparentes y competitivas. Hasta tanto, y mientras las autoridades electorales se animan a dar quórum a las reuniones para evacuar recursos, impugnaciones y tomar decisiones, los ecuatorianos miramos episodios de una democracia ciertamente inmadura y apenas de oropel.

Tanto es así que, hasta el momento, la calidad del discurso de quienes ya están calificados para participar en esta contienda deja mucho que desear. No hay esencia en el mensaje y más bien predominan las estrategias marqueteras que tratan de posicionar y vender al candidato y para ello no importa si lo que hace o dice sea lo políticamente correcto o si raya en el tropicalismo tercermundista del cual parecen estar hechos algunos actores.

Y quizá uno de los asuntos más sensibles y que debería, por lo mismo, ser tratado con absoluta responsabilidad, es el tema económico. Pero no. Este comienza a ser manejado como una herramienta de ataque para favorecer o perjudicar posiciones tanto de la corriente de derecha como de izquierda.

Así, por ejemplo, cuando se refieren a la desdolarización, se obvia un hecho absolutamente objetivo y es que el dólar en el Ecuador, como moneda, tiene credibilidad, confianza y aceptación.

Abrir chat