El chisme tiene su filosofia, su lógica y su razón de no ser

El chisme tiene su filosofia, su lógica y su razón de no ser

“Te cuento ñañita… pero ¡júrame por tu vida que no va a salir de tu boca…”  “El chisme no me gusta, pero me entretiene”. Son las conocidas frases que usamos para chismear y también para decir que no somos chismosos.

Obvio: para que haya chisme tiene que, por lógica, haber un chismoso. Quien esté libre de no haber inventado o hecho circular, alguna vez, un chisme, que arroje la primera piedra., o quién de nosotros no ha escuchado complaciente un chisme que, aunque no nos guste, nos divierte y nos saca del aburrimiento.

El más importante diccionario de nuestra lengua, el de la Real Academia Española, hace un espacio para el “chisme” y lo define adjudicándole la mala intención de hacer comentarios falsos, con el propósito de indisponer a una persona contra otra. El chisme y sus sinónimos: patraña, murmuración, calumnia, descrédito, juicio…  son conversaciones que pasan de boca en boca y que dañan a terceros.

El chisme, emparentado con el doble sentido, la viveza criolla, la mentira, la maledicencia, y  que están tan arraigados en nuestra cultura, llegando a ser parte de la vida diaria, y por lo tanto, tan difícil  sacarlo de nuestras “amenas tertulias”, está allí para echarnos en cara que hay basura, mucha basura oculta debajo de la alfombra y que  en  la historia de la humanidad, ha sido la causa de la destrucción de imperios, de familias, de amistades, de ideas, de  proyectos, y sicario de tantas y tantas vidas.

Cuando por esas eventualidades de la vida nos “caiga” un chisme en “el orden del día” de nuestra cotidianidad desactivémoslo y, en su inicio. Solo así estaremos evitando hacer daño a la buena convivencia humana

Zoila Isabel Loyola Román

ziloyola@utpl.edu.ec