El caudillismo en Ecuador

En la actualidad, la representación política ha perdido su objeto o contenido ante la incapacidad de definir e identificar el bien común o interés colectivo para la sociedad ecuatoriana. A la estructura heterogenea de las sociedades latinoamericanas, que siempre dificultó la identificación de intereses comunes y de un bien colectivo ampliamente compartido por las diferentes clases, grupos y sectores sociales, se añaden durante la década de los 70 y 80 una serie de factores y procesos tendientes a segmentar todavía más dichas sociedades.

Si a esto sumamos el caudillismo o populismo moderno, la situación es aún más crítica y deleznable para la democracia y el crecimiento de los pueblos. Las figuras personales han concentrado la atención en la historia y la ciencia social. Se han expresado como caudillos y como líderes populistas. Ahora bien, es necesario acudir al examen de las condiciones bajo las cuales actuaron caudillos y populistas, así como al análisis de las fuerzas y sectores sociales a los que representaron en cada caso concreto, para comprender a fondo las confrontaciones por el poder.

Los períodos presidenciales fueron dejando una huella caudillista que la historia recoge con sus características específicas: 1) hablamos de período Floreano» por Juan José Flores; 2) el «Urvinista» por José María Urvina; 3) el «Garciano» por Gabriel García Moreno; 3) «Veintemillista» por Ignacio de Veintemilla; 4) el «Alfarista» por Eloy Alfaro; y, 4) el «Placista» por Leonidas Plaza. Ya para el siglo XX, algo cambia en la apreciación tradicional, pero aun así se habla del «Velasquismo» como si se tratara de un mismo fenómeno en las cinco presidencias de José María Velasco Ibarra.

Con el retorno a la democracia, la politiquería, el populismo y los caudillos de nuevo cuño siguieron construyendo su madriguera. A partir de 1979 se inició la era moderna del caudillismo; así, usando la figura del ex presidente Roldós -más aún luego de su trágica partida- Abdalá Bucarám posesionó el apelativo de “el Roldosismo”; con Febres Cordero “el Febrescorderismo”; con Borja “el Borjismo”; con Correa “el Correísmo” y hoy con Noboa “el noboísmo”.  Los dos últimos han secuestrado la voluntad popular sumiendo al pueblo en una polarización perversa que no permite construir un futuro próspero para los ecuatorianos; para que esto termine les deseamos: …buen viento… y buena mar.

Lenin Paladines Salvador

leninb14paladines@gmail.com

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