El bien mayor

En cada segundo de nuestra vida, en cada cruce de caminos, nos encontramos frente a decisiones; algunas de ellas de menor importancia y otras de tal magnitud que nos comprometen hasta la vida misma. No es lo mismo decidirse por el color de los zapatos que vamos a comprar, que por la carrera universitaria que se va a seguir o, si se toma o no un arma para defender a la familia que se ve atacada por asaltantes. Cada decisión es como ponernos en una balanza y medir el grado de honestidad y de personas de bien que somos para realizar los actos que determinarán muchas situaciones posteriores y a las que debemos atenernos responsablemente.

Cada experiencia que hemos pasado nos ayuda a escoger mejores decisiones tomando en cuenta los datos que hemos almacenado en la memoria, sean estos datos experienciales, consejos que se nos proporcionan o valores morales que hemos decidido seguir. De ahí que es muy importante acordarnos de lo que nos ha sucedido en situaciones anteriores a nosotros mismos como a otras personas. Y es también favorable escuchar los consejos de personas expertas y adultas. Pero lo que más nos puede ayudar en situaciones difíciles es haber conocido sobre valores morales porque lo que mejor nos puede guiar es el conocimiento del bien y del mal.

Pero entre el bien y el mal hay una gama de posibilidades, y entonces se suele utilizar una idea que parece ser lo más razonable: “De los males, el menor”, como que escogemos un mal. Sin embargo, el ser humano siempre tiende a lo mejor, a lo más excelso, a lo más sublime. Y es por eso que debemos cambiar de perspectiva para escoger desde lo mejor, aun cuando pareciera que se llega a lo mismo, pero no lo es. Esta nueva perspectiva la ponemos con mayúsculas: “DE LOS BIENES, EL MAYOR”.

Les deseo que siempre escojan el bien mayor.

Carlos Enrique Correa Jaramillo

cecorrea4@gmail.com

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